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Compartir este espacio y este tiempo es para mí, no solo una grata sorpresa, entre todo lo cotidiano, sino una asombrosa responsabilidad para la cual espero estar a la altura.
Transitar por el mundo sensible y aterrizar en la materia, es un reto de cada individuo y cada pueblo. Es una lucha íntima, profunda y apasionada, no sin los altibajos de la jornada sí con la fe de la luz que retorna.
Gracias, muchas gracias por permitirme hoy, aquí y ahora, con todo mi equipaje y con todas mis tareas, compartir unas líneas con Ustedes.
Renacer no es sólo un nuevo comienzo, más allá de la sucesión de ciclos, de los puntos de inicio por los que partimos en toda nuestra vida. Pensar en volver a nacer es cambiar a un orden superior, elevarse en un plano de mayor profundidad, mirar hacia un horizonte cada vez más amplio. Es despertar en una conciencia distinta, plena de luminosidad, empezar no desde el olvido del pasado, sino justamente a partir del génesis de la fuerza de nuestra historia.
Este ha sido ya un sueño largo, hemos permanecido dormidos por demasiado tiempo y, sin embargo, aun desde esa noche permanente podemos comenzar a sentir los tenues colores del amanecer que viene. La grandeza histórica de nuestro pueblo no es un cofre cerrado en donde se ha atesorado todo eso, es más una caja abierta, enterrada sí, pero de cuyo interior han comenzado a brotar tallos tiernos. Aun en el fondo de ese entierro, la fuerza de nuestras raíces está viva, va germinando poco a poco, en silencio.
Es este el amanecer de una mujer en parto, milenaria madre que ha estado esperando, durante todo este tiempo, el momento exacto, la reinvención de un pueblo no sólo por su fuerza del pasado, sino por la esperanza del futuro que ya se va trazando. Sin embargo, cuando vemos salir el sol aun en lo más alto de las montañas, los primeros rayos tienen un recorrido doloroso en medio de la penumbra, tienen que abrirse paso y son, quizá, los de mayor intensidad aquellos que primero, nos llegan a los ojos, tan acostumbrados a la oscuridad, que por un momento parecen quedar cegados.
El parto es ahora imperativo, la madre Patria, la mujer de las leyendas, el punto de origen, está sufriendo los dolores de parto que la despiertan, con la resistencia de quién ve más allá del dolor y encuentra la plenitud del milagro de la vida desde su interior.
Mujer conciencia, madre interna que es común al ser humano por el hecho se serlo, esa que es por SER sin matices de género que separen, antes une y solidifica el camino.
Somos todos ahora hijos de esa conciencia, nonatos aun, contenidos en la calidez de ese vientre que nos alberga, pero listos ya para salir al mundo con los ojos abiertos, respirar el aire claro de la tierra del Anáhuac, nutrirnos con el viento que va de los volcanes a las playas, ese mismo que acaricia nuestros desiertos y se arrulla en el follaje de nuestras selvas, que es grito de coyote, fuerza de jaguar, vuelo de águila.
Así la mujer-madre conciencia se trasforma en materia, se presenta y trastoca poco a poco el caos exterior. Renueva la espiritualidad en la tierra, en los hechos, en las acciones, en la ayuda, en el compromiso. “Por encima de los seres vivos, ve la Vida,, por encima de los Hombres descubre la Humanidad, esa Humanidad no abstracta y languideciente de los filántropos, sino la realidad física, poderosa en la que se bañan y se influencian todos los pensamientos individuales hasta formar, por su multiplicidad ligada, un solo Espíritu de la Tierra ( PIERRE TEILHARD DE CHARDIN/ La energía humana)”.
Ese es el simbolismo de la energía-conciencia hecha mujer materia., y ese ha sido a lo largo de este tiempo de gestación y parto, el papel que la mujer ha tenido y tiene.
La mujer hace posible, facilita, pone los elementos en acuerdo para que los cambios sucedan, es lo que ha demostrado la historia de fundamental de la sociedad y sus estructuras, la evolución de la modernidad a través de la lucha de género, la innovación del carácter femenino en todos los aspectos de la vida. El papel de la mujer ha ido evolucionando, de ser accesoria a complementaria y fundante, no sólo siendo quién empuja para que se abran nuevos caminos, sino ya ella misma quién pone el primer pie en las nuevas brechas.
De alguna forma, el papel histórico de la mujer se ha querido reducir a la lucha por la igualdad de género, cuya génesis fundamental descansa en los movimientos feministas del siglo pasado, fundamental aportación, pero no única. Justamente la igualdad de género busca el reconocimiento pleno no sólo de las capacidades de la mujer, sino de sus grandes aportaciones a la vida social de la Humanidad, y sus potencialidades en una escala evolutiva en ascenso.
En honor a esta justicia por la que tanto se ha luchado, quizá valga la pena que podamos conducir esta reflexión a pensar en las huellas de las mujeres en nuestro panorama actual, la forma en que inciden en el estado de las cosas que ahora vivimos y, finalmente, cómo es que el papel de la mujer es el de un gran catalizador para los cambios y las transformaciones que debemos ir construyendo.
La mujer en todos los aspectos de la vida de la sociedad, con un sentido de equidad que acompaña sin anular, que dialoga de manera abierta y se conecta con los hombres en todos los aspectos para generar una sociedad completa, diversa, activa, dispuesta, es de quien hablamos., hablemos pues de ella en toda su complejidad.
LA MUJER DE NUESTRA HISTORIA
En la historia de la Humanidad y en la de nuestro país, ha habido mujeres fundamentales, que incluso contra la rígida estructura de sus épocas, han destacado como grandes heroínas, fundadoras, próceres y creadoras, siendo, desde su individualidad, reivindicadoras de las más altas aspiraciones y capacidades de la mujer. Huelga hablar aquí, por cuestiones de tiempo, de nuestra Sor Juana, de nuestra Corregidora, de la valiente Leona Vicario, de la vanguardia de Frida Kalho, y de todas aquellas que se unen a la gran lista de ilustres mujeres mexicanas.
Pero la participación histórica de las mujeres no puede restringirse a la brillantez individual de esas grandes mujeres; la mujer, como colectividad, ha jugado un papel fundamental en las más importantes etapas de nuestra historia, desde las madres que dieron paso al mestizaje, las criollas que abrieron sus hogares al espíritu independentista y sostuvieron los pilares del país mientras nos debatíamos en las peores luchas fratricidas, las soldaderas de nuestra Revolución que se fueron a la lucha junto con sus hombres, llevando a sus espaldad, cobijados por sus rebozos, a la esperanza de las generaciones futuras.
Luego, paso a paso, las mujeres fueron escribiendo su propia historia, en la ciencia, el arte, el deporte, la política, la economía y el desarrollo nacional, abriendo la brecha de las posibilidades que construía, más allá de los manifiestos, en la vida cotidiana, la lucha por la igualdad. Podemos pensar que, en muchos sentidos, la de ahora es una historia compartida, en la que hombres y mujeres transitan, pero estamos aun en un proceso de transición, en un momento en el que sólo se avizoran los verdaderos cambios que necesita la sociedad.
LA MUJER EN LO SOCIAL
La estructura básica de la sociedad humana tiene como pilar las principales características de lo que consideramos como femenino. La familia, que a pesar de las grandes transformaciones que ha sufrido, sigue siendo la unidad básica de la sociedad, en ella descansa toda la estructura social, su mantenimiento y evolución, y han sido las mujeres, aun con el peso de la modernidad, quienes han dado sustento a esa estructura. La sociedad entonces, tiene su componente básico, su germen de construcción, en el empeño femenino por la cohesión, la estabilidad, la unidad.
En nuestro país, las mujeres han tenido un papel fundamental en la construcción de las diferentes formas que ha adoptado nuestro orden social, desde la época prehispánica, se han fundamentado en la idea de la mujer, como concepto de lo femenino, muchas de sus ideas de construcción, de arraigo y de estabilidad, que les permitieron trascender a lo largo de los siglos.
La casa, Madre Tierra, es la mujer inicial que nos arropa y nos da sustento.
A lo largo de los siglos se ha modificado sustantivamente el papel de la mujer en la sociedad, va pasando, cada vez más, de un papel que es percibido como pasivo, a uno fuertemente activo. Sin embargo, la complejidad de lo femenino consiste en su gran diversidad, se han adoptado nuevos roles, pero no se han dejado los anteriores, así, la mujer se ha ganado un lugar en una estructura social concebida por hombres, sin dejar por ello de ser esa mujer fundamental entorno a la cual se construyen las familias.
Esta dualidad en el papel social de las mujeres nos lleva a repensar los conceptos de igualdad y equidad de género desde un enfoque más amplio, tan ensanchado como el horizonte mismo por el que transitamos las mujeres a lo largo de nuestras vidas, haciendo que en el camino convivan lo profesional y lo familiar, muchas veces sin poder librar el conflicto que subyace en la multiplicidad.
A la distancia, las consideraciones de género deben lograr un equilibrio que responsa a la femineidad, que sea capaz de construir un mundo con condiciones a la medida de las necesidades de las mujeres, no opuesto al masculino, sino complementario desde la diferencia.
LA MUJER EN LA VIDA ECONÓMICA
Todos los sistemas de intercambio, desde los más rudimentarios trueques tuvieron una mano de administración de las mujeres, encargadas de los hogares, de la preservación y la acumulación, la idea de mantenimiento y sustento material está profundamente ligada a la labor de las mujeres en la construcción de la sociedad. Existe una vinculación básica entre el nacimiento de los diferentes sistemas económicos y la evolución de la estructura social, ligada esta sustantivamente al papel que desempeñaron las mujeres.
La mujer en la economía ha sido pilar, fuente de producción y de estabilidad, ha sido quien realmente sostiene las situaciones emergentes, administra las abundancias y prevé las condiciones futuras. En nuestro país no podría entenderse la cultura de resistencia a las recurrentes crisis económicas que hemos vivido, sin el carácter previsor de nuestras mujeres, no podríamos pensar en las formas en que ha sobrevivido el país a los más abruptos cambios de la situación económica, sin tener muy en claro que han sido fundamentalmente las mujeres las que cargan el peso de la adaptación en los hogares.
Ante el desempleo y la migración que enfrentamos actualmente, son las mujeres las que salen a conseguir el sustento, basta con ver su alta participación en la industria maquiladora, uno de los pocos sectores que emplea a más mujeres que hombres. Si lo vemos de esta forma, nuestra economía fronteriza es, en lo básico, una economía de mujeres. La entrada de la mujer a los procesos productivos, desde la Revolución Industrial, significó un gran cambio en las distintas formas de organizaciones económicas y sembró la semilla de la transformación social al ser el centro de lucha de los derechos de igualdad. Las mujeres trabajadoras estuvieron dispuestas a desempeñarse en un mundo diseñado por y para los hombres, demostrando sus capacidades, y a la vez, dando a conocer sus características particulares.
Hoy aun la lucha en igualdad de salarios y oportunidades es una constante, no estamos en un verdadero sistema de oportunidades equitativas, aunque los caminos se van abriendo. Si pensamos en estos momentos críticos para la economía mundial, y la nacional, podemos ver claramente las necesidades de cambios mayores, de una gran evolución por la igualdad, ya no sólo de géneros que es como nació esta lucha, sino por una visión igualitaria hacia todos los individuos y naciones. Igualdad en la distribución es el concepto que debe venir de esta transformación, y si alguien puede luchar por la igualdad son, precisamente, las mujeres.
LA MUJER CATALIZADORA DEL CAMBIO Y LA TRANSFORMACIÓN
El sentido de esta brevísima reflexión sobre el papel de las mujeres en los distintos aspectos de la evolución de la Humanidad nos conduce a verla como un elemento que posibilita, los cambios han sido una construcción de la sociedad, pero el papel de la mujer ha estado, en muchos sentidos, en abrir la puerta a esos cambios, permitir que la evolución suceda, que se transite a los nuevos órdenes con un sentido evolutivo superior.
Existen en esto dos elementos que son básicos en la naturaleza femenina y que la convierten en este agente de la transformación y el cambio: su capacidad de adaptación y su necesidad de preservación, de tal forma que es capaz de llevar a sus núcleos sociales, sus familias, a establecerse ante los cambios, pero sin dejar de lado su naturaleza fundamental, sus tradiciones, sus raíces.
Las mujeres tenemos ahora, en este momento histórico de necesaria transformación, de incertidumbre para las nuevas generaciones, de caos y ruptura, un reto de evolución, debemos ser capaces de adaptarnos pero no con una visión pasiva de los acontecimientos, sino sembrando la semilla del cambio, tendiendo esos puentes que nos permitan transitar a condiciones de equidad verdadera para nosotras, para los hombres, para las nuevas generaciones.
Pero también, en este gran reto, está la preservación de lo nacional, el rescate de nuestras raíces, la conservación de nuestra identidad, también ahí somos las mujeres quienes tenemos la importante tarea de preservarnos como sistema.
Pensemos en el momento que vivimos los juarenses como esa gran puerta a la transformación, y seamos nosotras, las mujeres de esta frontera, quienes tengamos las manos dispuesta para abrir esa gran puerta.
Por lo general, la evolución es medida por sus grandes cambios, por las etapas de transformación que, como en la corteza terrestre, dejan marcas a partir de las cuales todo el sustrato cambia, pero para que sea notoria esa transformación, tuvo que irse gestando en lo cotidiano, en el paso a paso del tiempo que es donde las mujeres ponemos nuestras manos, vamos abriendo brechas, dispuesta a ampliar caminos, a construir nuevas sendas.
Esas somos las mujeres, las que transformamos, las que estamos dispuestas a hacer la evolución posible en la vida, en las pequeñas cosas y, también, siempre, en las ideas.
EL DESPERTAR DE LA MUJER EN LA LUZ DE NUESTRA CIUDAD
En el vértice de caminos que es nuestra ciudad, puerta del Norte, puente y camino de viajeros, habremos de encontrar cuna para nuestro nacimiento. Quién ha visto la claridad de nuestros cielos, la forma en que el amanecer se tiende en este desierto, la nitidez de nuestras noches, el horizonte abierto de nuestra ciudad, ha visto la promesa generosa de esa Madre Patria que en esta puerta comienza.
Un tiempo de la feminidad procreadora y protectora, de madres, hermanas, hijas, compañeras, con las manos dispuestas a la construcción de este nuevo tiempo, con la sensibilidad a flor de piel para hacer de nuestra frontera un punto de encuentros, capaces de ir más allá, las mujeres de este tiempo apostamos por la unidad, el diálogo y la congruencia de principios, por los hechos concretos.
Somos las mujeres quienes estamos ahora encabezando este nuevo compromiso de renacimiento, es un tiempo femenino, abierto, de manos que se tienden para hacer caminos más transitables. La agonía que ahora vive nuestra ciudad es el aviso de este nuevo tiempo en el que debemos replantearnos el curso de nuestra vida pública, el sentido de nuestro ser colectivo y las perspectivas de nuestro futuro.
Es este un punto de inflexión incomparable en el devenir de nuestra historia, un momento señalado por el caos que marca el fin de una época y busca la trascendencia a un nuevo tiempo, este que ahora estamos viviendo en las ideas, pero que pronto podremos luchar por él con propuestas concretas, con el planteamiento de un orden de gobierno que vaya más allá de posturas ideológicas parciales, y se sustente en el más alto sentido de nuestros ideales, con un despertar conciente que verdaderamente nos transforme.
Nuestra ciudad merece la lucha de este nuevo tiempo, necesita que abramos la puerta de la luz para ver con claridad toda la potencialidad que se encierra en este punto, para despertar sí, al amanecer más claro.
Hacer propuestas públicas, hacer gobierno, es sólo una parte de todo el cimiento que debemos poner a la estructura de este nacer de nuevo, la totalidad está en la toma de conciencia, en el conocimiento de nuestras raíces, en sopesar toda la fuerza que está puesta en este punto del mapa energético del mundo. Este es el eje fundamental del nuevo orden de gobierno que viene, que ya se vislumbra. El quehacer público, la actividad política será llevada a su verdadera concepción que es el servicio. Ese siempre ha sido el camino, y solo así podrá ser reivindicado.
Juárez es una puerta que necesita ser abierta y transitada, y que a la vez nos invita a la permanencia a quienes estamos destinados a guardarla.
Hoy, quienes estamos aquí venimos todos con los brazos abiertos, con la mirada limpia de quienes están dispuestos. Nos reunimos hoy quizá por primera vez todos, pero hemos estado juntos ya en el momento de la oración, del sueño, en el tiempo en que se han estado gestando todas las fuerzas del movimiento de reconstrucción y renacimiento.
El tiempo ya viene, ya está, estemos atentos, unidos, siempre dispuestos.
Desde aquí, con estas palabras, estrecho a las mujeres y los hombres que hoy compartimos el sueño de un renacimiento., y recuerdo a Ayocuan que formo en esta Entidad su Asharam, y recuerdo, por supuesto, al gran poeta bengalí Radindranat Tagore cuando expresa el sentimiento de toda mujer enamorada antes del acto de entrega que precede a la gestación de un nuevo ser., y que se encuentra ya en los labios de La Mujer Dormida, dirigida a todos aquellos que sinceramente deseamos participar en la gestación de la nueva cultura, en este tiempo, en este espacio, en el Paso del Norte que despierta luminoso.
He aquí la frase:
“Sean estas mis últimas palabras: confío en tu amor “ |